Nos pusimos el despertador a las 7:30, aunque yo me desperté antes, pero como mi hermana necesita una hora para estirarse, más la hora de arreglarse… Al final salimos a las 9:45 hacia el Palacio Imperial.
Cogimos el metro de nuevo y me compré una botellita de agua en una vending machine por 100¥. Me la compré con dudas porque en la etiqueta tenía una flor y las había de varios colores. Por suerte sí que era agua.
Llegamos a las 10:30 a Takebashi Station y de ahí caminamos hasta el puente de acceso de Hirakawa-mon Gate, que está al norte del parque. Nuestro plan era ver los jardines de norte a sur para luego ir a la Tokyo Tower, al sur del Palacio.
Por la acera tenían como vallas de obras y al llegar al puente lo vimos totalmente vacío, solo había un par de guardias, por lo que dudamos si se podía entrar o no. Caminamos con cautela y al ver salir a una señora seguimos caminando y que fuera lo que fuese, si no se podía entrar ya nos lo harían saber. Pasamos sin problemas, ya que el acceso es gratuito y libre, pero como no había nadie, nos hizo dudar. Además, tras pasar la puerta, había como una valla y una taquilla, pero enseguida vimos el cartel avisando de que era gratuito. No éramos las únicas, los japoneses también se quedaban en la taquilla como mirando qué hacer.
Cogimos el metro de nuevo y me compré una botellita de agua en una vending machine por 100¥. Me la compré con dudas porque en la etiqueta tenía una flor y las había de varios colores. Por suerte sí que era agua.
Llegamos a las 10:30 a Takebashi Station y de ahí caminamos hasta el puente de acceso de Hirakawa-mon Gate, que está al norte del parque. Nuestro plan era ver los jardines de norte a sur para luego ir a la Tokyo Tower, al sur del Palacio.
Por la acera tenían como vallas de obras y al llegar al puente lo vimos totalmente vacío, solo había un par de guardias, por lo que dudamos si se podía entrar o no. Caminamos con cautela y al ver salir a una señora seguimos caminando y que fuera lo que fuese, si no se podía entrar ya nos lo harían saber. Pasamos sin problemas, ya que el acceso es gratuito y libre, pero como no había nadie, nos hizo dudar. Además, tras pasar la puerta, había como una valla y una taquilla, pero enseguida vimos el cartel avisando de que era gratuito. No éramos las únicas, los japoneses también se quedaban en la taquilla como mirando qué hacer.







